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LA CULTURA CASTREÑA

La Cultura Castreña podría definirse aquí, para entender tan siquiera en una apretada síntesis el contexto histórico en el que se inscribe el Castro de Viladonga, como un conjunto de conocimientos materiales e ideológicos y de comportamientos que caracterizan a la sociedad humana que habita en los castros, como poblados o asentamientos generalmente bien defendidos que definen y dan nombre a esta Cultura. Sabemos de ella a través de las informaciones que nos dan la arqueología, la epigrafía, las fuentes escritas o textuales y también, de algún modo, la etnografía.

Se desarrolló durante la Edad del Hierro sobre un fuerte substrato indígena de la etapa final de la Edad del Bronce, con la conjunción de rasgos propios del Noroeste precastreño con las influencias culturales centroeuropeas (de raíz céltica en algunos aspectos como la lengua), atlánticas y también mediterráneas. Coincidiría todo ello con un período climático subatlántico, caracterizado por un aumento de la temperatura y de la humedad que provocaría la expansión de las zonas boscosas y húmedas, obligando en cierto modo a los primeros castreños a extenderse y asentarse en poblados situados en las zonas altas y bien protegidas: los castros.

La primera ocupación de los castros habría que buscarla, pues, en el final de la Edad del Bronce, entre los siglos VII y VI a.C.; Penarrubia (Lugo) puede ser un ejemplo de estos primitivos castros, junto con Penalba o Torroso en la provincia de Pontevedra, A Graña en la de A Coruña y otros.

Su área de extensión y de influencia llega, cuando menos, a los ríos Navia y Túa por el Este y al Duero por el Sur, y dentro de ella se pueden ubicar en un mapa algunos castros de época prerromana y romana excavados total o parcialmente desde hace décadas o en tiempos más recientes.

Cronológicamente, la Cultura Castreña propiamente dicha va desde el siglo VI o V antes de Cristo hasta el cambio de Era o hasta mediados del siglo I d. C. aproximadamente. Pero varios autores que se ocupan de ella establecen una serie de fases o etapas en ese amplio abanico cronológico, e incluso actualmente sabemos que existe una Cultura de los Castros que pervive y evoluciona, también en diferentes etapas, después de la integración de la Gallaecia dentro del Imperio Romano, convirtiéndose en la llamada Cultura Galaico-romana.

El Castro, como configuración arqueológica externa y más visible de esta Cultura, obedece fundamentalmente a tres tipos:

- Castros de interior, (como el de Coaña en Asturias o el mismo de Viladonga entre otros también monumentales), que son el tipo más frecuente y característico, emplazados en colinas o elevaciones más o menos destacadas pero raras veces en grandes o altas cumbres. En general son de planta circular u ovalada y con uno o varios circuitos amurallados.

- Castros situados en zonas montañosas da mayor altitud, (como los de Vilar en O Courel o Xegunde en A Fonsagrada), localizados generalmente en las laderas y de forma oval, con fosos artificiales por el lado superior y murallas o terraplenes hacia el valle. Su desarrollo fue sobre todo en época romana, vinculados a las explotaciones mineras de estas comarcas orientales gallegas.

- Castros costeros, (como el de Baroña en O Porto do Son o Fazouro en Foz), que son muy abundantes en el litoral gallego; comúnmente son de esquema simple y bien definido aunque existen variantes según la configuración geológica y geográfica de cada zona, como el caso singular y mucho más complejo de Santa Trega sobre la boca del río Miño. Son de planta variada, adaptándose al terreno, y en el tipo más característico las defensas naturales del lado del mar se ven complementadas con murallas y fosos hacia el interior.

La economía castreña tenía una base agrícola (cereales, leguminosas, etc.) y ganadera pastoril (vacas, caballos, cerdos, ovejas ... ), pero también se practicaba la caza, la pesca y el marisqueo, y la recogida de frutos (de árboles frutales, bellotas, más tarde castañas ... ). Desarrollan asimismo una relativamente importante labor minera y metalúrgica, que dará lugar entre otras cosas a una señera orfebrería.

También jugó un papel destacaba el trabajo de la piedra, no sólo como actividad constructiva sino como trabajo artesano y artístico.

Otra de las actividades económicas que mejor quedó plasmada en la arqueología a lo largo de la Cultura Castreña, fue la elaboración de cerámica, con una producción sobre todo local o regional, pero con señales de cierta "comercialización" entre las diversas áreas. También se documenta arqueológicamente la actividad textil, por la aparición en casi todos los castros de fusayolas o cosoiros para el huso, pesas de telar o agujas de bronce, en lo que sería seguramente una producción familiar o doméstica.

La sociedad castreña tenía muy posiblemente una distribución desigual de la riqueza, y por lo tanto existiría una cierta estratificación social con rasgos de jerarquización interna, lo que para algunos autores también incidiría en el presunto carácter "belicoso" del que nos hablan algunas fuentes textuales y que incluso nos indicarían las propias defensas de los castros; sin embargo, éstas obedecen también a razones de prestigio y de delimitación simbólica del espacio habitado y, además, muchas de ellas fueron levantadas o ampliadas ya bajo el dominio de Roma.

Por otra parte, la escasez relativa de hallazgos de armas, tanto ofensivas como defensivas, tampoco corrobora aquel carácter guerrero por lo menos de modo constante y habitual.

La existencia de joyas, como los torques, como símbolo de mando y autoridad, y como indicador de cierto poderío social, debió de ser algo común en el conjunto de la Cultura Castreña del Noroeste.

Las inscripciones de época galaico-romana contienen muchos nombres de divinidades de origen indígena, lo que quiere decir que en el mundo castreño existía un abundante panteón religioso, (en contra de lo que dice el escritor romano Estrabón), además de posibles cultos o ritos asociados o relacionados con fuerzas, elementos o manifestaciones de la Naturaleza.

La Cultura Castreña dejó numerosos restos materiales, a mayores de los propios yacimientos antes ya señalados.

La orfebrería representa la culminación artística de una actividad económica y artesana con hondas raíces en la Edad del Bronce. El uso de las joyas debió de revestir una singular importancia social, unida a veces a una función jerárquica, además de su valor ornamental, distintivo y, por supuesto, intrínseco

Esta orfebrería tiene unas raíces propias, que irán recibiendo influencias centroeuropeas y más tarde también mediterráneas; el resultado de esta conjunción produce joyas como los torques (collares rígidos que se curvan sin llegar a cerrarse y que conocen una gran variedad de tipos), brazaletes, pendientes y arracadas, colgantes y amuletos, espirales y anillas para el cabello, y otros objetos de uso tanto masculino como femenino.

La escultura se caracteriza sobre todo por sus volúmenes esquemáticos y geométricos, y abunda especialmente en la mitad Sur del área castreña. Buena parte de sus mejores ejemplares se atribuyen a la etapa de transición entre el mundo propiamente castreño y la época galaico-romana, esto es, entre el s. I a.C. y el s. I d. C. Hay muestras de escultura exenta, como los guerreros de Armea (Ourense) o Vizela (Portugal), o cabezas como la de Rubiás (Ourense), y otras hechas para adosar o empotrar como las cabezas de Barán (Lugo) o las representaciones de testuces de animales sobre todo en el área S. y S.E. de Galicia.

También conocemos elementos de decoración arquitectónica en jambas, dinteles, amarraderos para el ganado y otras piedras de uso indeterminado, con figuración de trisqueles, tetrasqueles y otras formas astrales, rosáceas, entrelazos, etc.

La cerámica suele ser el elemento arqueológico más abundante entre los hallazgos producidos en los yacimientos castremos, predominando la hecha a mano sobre la realizada a rueda o torno, por lo menos hasta el s.l a.C. en que este último sistema se pudo generalizar aunque sin substituir nunca por completo al anterior.

Las formas más comunes son las globulares o esferoides, más o menos estilizadas y adaptadas a su función, en diferentes tamaños; si tienen decoración, ésta ocupa normalmente los bordes, cuellos y panzas de las vasijas, con temas geométricos y esquemáticos similares a los de la orfebrería y la escultura.

Hay otros elementos de esta cultura material castreña de muy diverso tipo y función: armas como las espadas o puñales "de antenas" (como el de O Furco -Becerreá, Lugo-, o los mismos de Viladonga), así como útiles y adornos variados, como los alfileres y los numerosos tipos de fíbulas o prendedores de vestimenta, herramientas, etc.


Artículo de

Autor
Felipe Arias Vilas
Mª Consuelo Durán Fuentes

Publicación original
A cultura castrexa
Museo do Castro de Viladonga, 1996, pp. 31-37

Traducción
Felipe Arias Vilas

Versión electrónica
Enrique Jorge Montenegro Rúa
http://www.aaviladonga.es/e-castrexo/es/mgvds031.htm

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